Proceso de zincado: ¿qué es y cómo se distingue del galvanizado?

Proceso de zincado

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Hoy queremos volver a hablar de los procesos que protegen a un metal de la corrosión o de otro agente externo que pueda dañarle y reducir su vida útil. Decimos ‘volver a hablar’ porque ya explicamos el galvanizado en un artículo del blog, una técnica que protegía el acero de la corrosión sumergiendo una pieza de este metal en zinc fundido para crear una capa protectora. Sin embargo, el procedimiento que vamos a explicar hoy es el zincado, también llamado electrozincado. Por el nombre habrás deducido que esta técnica emplea el zinc para proteger estructuras o piezas de metal. Si es así, no debería existir una distinción con el galvanizado, que también utiliza este elemento, ¿no? ¡Error! Es en este punto donde se suele fallar, y por eso vamos a explicar con pelos y señales en qué consiste el zincado y sus diferencias con el galvanizado.

¿Qué es el proceso de zincado?

El zincado es un proceso por el que pasa el acero para protegerlo de la corrosión en el que se le adhiere una capa de zinc, un mineral capaz de generar una ‘capa protectora’ que evita que el material se deteriore por la influencia del aire y la humedad.

Si sabes lo que es el galvanizado o has leído antes de seguir con este nuestro posts sobre esta técnica, verás que, hasta aquí, la explicación del proceso es la misma. Sin embargo, son procesos distintos, que se escogen dependiendo del resultado y del uso que se le vaya a dar a la pieza a recubrir.

Como hemos explicado antes, al zincado también se le conoce como electrozincado, uno de los método de recubrimiento electrolítico de acero más empleados en el sector. Los avances tecnológicos han hecho que este proceso garantice una protección relativamente duradera contra la corrosión, además de dejar un mejor acabado a las piezas con un coste de producción bajo. De hecho, este recubrimiento es tan práctico que se emplea incluso para mejorar la persistencia de la pintura en el acero.

La técnica requiere de frío y la capa de zinc que se tiene que utilizar es muy fina (2-25 micras en continuo y 2,5-10 micras en discontinuo). Se aplica el mineral al acero y se decapa por electrodeposición. Suele elegirse cuando el metal no necesita una gran resistencia a la corrosión ni una una fortaleza mecánica menor, sino cuando se necesita que ‘quede bien’, es decir, con unas mayores cualidades estéticas. De ahí que una de sus aplicaciones más empleadas sea para el interiorismo. 

A diferencia de otros revestimientos de zinc, el zincado es continuo, por lo que el espesor de su revestimiento apenas puede percibirse.

Fases del proceso de zincado

El proceso de zincado comienza, con en el galvanizado, con la limpieza del metal que se va a tratar. Se le aplican una serie de baños y enjuagados previos al baño de zinc. Cuando por fin se llega al baño de zinc, se utiliza una corriente eléctrica con dos electrodos para aplicar la capa del mineral.

El baño en sí también contiene zinc disuelto, introducido con bombas dosificadoras, mientras poco a poco se va añadiendo una sal conductora (suele ser soda cáustica) para aumentar las propiedades conductivas. Esa corriente eléctrica será la que haga que el zinc que se está disolviendo en el baño (Zn2+) se vaya reduciendo en el cátodo y luego se deposite poco a poco en la superficie del acero.

Durante todo el proceso que acabamos de comentar, los iones de zinc del cátodo van recogiendo electrones, que se acaban depositando en el componente como zinc elemental:

Zn2 + + 2e¯ → Zn

Llegados a esta fase el ánodo ya no contiene zinc, sino un material inerte. El resto de concentrado de iones de zinc no se desperdicia, sino que se reduce en el baño de zinc y se añaden de nuevo como concentrado de zinc. La calidad del resultado final del recubrimiento dependerá de que todas las fases del proceso se lleven a cabo correctamente y sin ningún fallo. Por ello todas las partes son igual de importantes, entre las que se incluye el proceso aguas abajo y aguas arriba que, aunque no forma parte del zincado en sí mismo, influye en la fabricación de un revestimiento duradero y de calidad.

Como ya hemos comentado brevemente, el acero se tiene que limpiar y preparar para el zincado con la ayuda de baños de decapado y desengrasado aguas arriba. Esta fase previa es fundamental, ya que el recubrimiento de zinc se realiza sin cianuro y es completamente respetuoso con el medio ambiente. No utilizar químicos contaminantes, que puedan deshacer las impurezas (como óxido o sarro superficial), hace que tengamos que poner un esmero mayor en su limpieza. Tras el recubrimiento, la capa creada, muy sensible, se protege y se recubre a su vez mediante pasivación.

Estos baños previos, así como el enjuague complementario, tienen una composición muy concreta, y debemos asegurarnos de que esta permanezca dentro del rango especificado. Una pequeña variación, por mínima que sea, de sus ingredientes y sus cantidades puede reducir la calidad del acabado e incluso provocar un mayor número de rechazos.

Hay que tener en cuenta el tamaño de la pieza que se va a recubrir, ya que existen distintos métodos de recubrimiento en función de sus medidas. Como se necesita un flujo de corriente estable y constante durante el zincado, el lugar en el que se deposite el acero a recubrir también variará: si la pieza es pequeña, bastará con un barril, pero si es muy grande se necesitará una automatización mediante raíles para ir trasladándole de baño a baño.

El zincado está más presente en nuestro día a día de lo que creemos. De hecho, puedes encontrarlo en elementos habituales de una casa, tanto de forma visible (puertas o sistemas de rejillas de techo) como invisible, en la estructura interna (componentes de construcción), en la industria de la automoción o en el procesado de alimentos. Podemos encontrar tubos zincados y cortados, sobre todo, en:

  • Automoción. Encontraremos zincado en el motor, en la transmisión, en frenos, en llantas, en tanques de combustible, en accesorios, etc.
  • Construcción y arquitectura. Ya hemos comentado que forma parte de puertas, ventanas y rejillas del techo, pero también lo encontraremos en piezas y aplicaciones de interior en general , ya que se necesitan proteger contra la corrosión pero sin perder su belleza estética.
  • Dispositivos de fijación. Aquí entran la mayor parte de tornillos, tuercas, arandelas, clavos…

Ventajas del zincado

Antes de seguir, hagamos un pequeño resumen: el zincado es una técnica de protección del acero mediante la cual se aplica al metal zinc por vía electrolítica para generar un recubrimiento. La elección de este mineral es debida a sus propiedades anticorrosivas, a su versatilidad y a su precio. Pero, por si fuera poco, esta técnica ofrece otras ventajas muy a tener en cuenta: 

  • El espesor de la capa protectora que crea el zinc es mínima (inferior a 30 micras), por lo que el volumen de la pieza no aumenta demasiado, evitando de esta forma cualquier posible desajuste si se tiene después que encajar en con otras piezas.
  • La capa protectora de zinc se adhiere electrolíticamente, por lo que el zinc forma parte de la propia pieza. Aunque esta se modifique o se tenga que recortar de alguna forma, no perderá la protección.
  • El proceso se realiza a temperatura ambiente o incluso en frío, por lo que los materiales no se deforman.
  • El acabado del zincado no deja impurezas, por lo que su aspecto es estético y fino. Además, el pasivado ayudará a conseguir diferentes acabados según las necesidades.

¿Zincado o galvanizado?

Llegamos finalmente a la pregunta se seguramente te ronde por la cabeza: si los procesos de zincado y galvanizado son tan parecidos, ¿cuál es mejor? Como en todo, no existe una técnica que sea mejor que otra, existe aquella que sea más beneficiosa para la función que cumplirá ese metal que vas a utilizar.

Los 2 procesos tienen como misión proteger el acero de la corrosión y el deterioro causados por distintos agentes climáticos como la lluvia, la humedad y la salinidad. Sin embargo, existe una diferencia fundamental: el acero zincado está cubierto por una capa de zinc mediante inmersión en caliente o galvanizado en frío. La capa resultante es increíblemente fina y con las características que aporta el mineral de resistencia a la corrosión y al óxido.

El acero galvanizado también cuenta con una capa de zinc, pero se combina con una capa extra formada de otros materiales (hierro o más acero, por ejemplo). Este cambio tiene una parte buena y una no tan buena: lo positivo es que la capa de más hacer a la piezas mucho más resistente a golpes y abrasiones, pero sacrifica ese acabado tan fino y estético del zincado.

Como ves, ambos métodos son excelentes opciones para recubrir acero y hacer que su vida útil se alargue mucho más, protegiéndolo especialmente de su mayor enemigo, la corrosión. Todo dependerá del uso que le vayas a dar al material y de las características específicas que necesite. Si, una vez tengas la pieza protegida y recubierta de zinc, necesitas realizarle algún corte, siempre podrás contar con Initube y su filosofía: mejorar día a día para aportar valor a las personas (no solo a las empresas).
Te asesoramos de forma individualizada para encontrar la solución perfecta a tus necesidades mientras optimizas tu proceso de fabricación. Si tienes alguna duda, puedes ponerte en contacto con nosotros. En cuanto recibamos tu pregunta nos pondremos manos a la obra para buscar la solución más ajustada a tu empresa.

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